La historia de la botella de vino de 75 cl

11 de julio de 2025

El formato de 75 cl es ahora el estándar mundial para el vino. Pero esta historia de la botella de vino no se basa en la mera casualidad. Es el resultado de una herencia cultural, de opciones prácticas y de una lógica comercial.

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Orígenes prácticos ante todo

Antes del siglo XIX, las botellas de vino no estaban estandarizadas. Cada soplador de vidrio creaba recipientes diferentes, a menudo de unos 70 u 80 cl. Sin embargo, con el crecimiento del comercio internacional, se hizo imprescindible definir un formato estándar para el vino.

Los ingleses, grandes amantes de Burdeos, desempeñaron un papel esencial. Importaban el vino en barricas y lo embotellaban localmente. Un barril de Burdeos contiene 225 litros. Divida este volumen por 300 botellas y obtendrá... 75 cl por botella. Este sencillo cálculo, ligado a la logística, marcó el inicio de la normalización.

El vínculo entre la botella y la ración individual

En tabernas y hogares, 75 cl eran también suficientes para dos o tres personas. Un reparto equitativo en vasos reforzaba el uso cotidiano de este tamaño.

Además, en una época en la que no existía una larga vida útil, las botellas debían acabarse rápidamente. Por ello, el formato estándar del vino ofrecía un equilibrio ideal entre cantidad, consumo y frescura.

Una transición jurídica y comercial

En el siglo XX, varios países oficializaron el formato. En Francia, un decreto de los años cincuenta impuso la botella de 75 cl como unidad de medida. Esto permitió a productores y comerciantes ajustarse a normas precisas, fomentando el comercio.

Desde un punto de vista logístico, las cajas de 6 o 12 botellas se convirtieron rápidamente en la norma. Facilitaban el transporte, el almacenamiento y la venta al por mayor. Este envase sigue predominando hoy en día, lo que refuerza la influencia de este formato estándar de vino en toda la cadena de distribución.

Una unidad internacionalizada

unidad de botella de vino

Con la globalización, se extendieron las prácticas francesas e inglesas. Tras la Ley Seca, Estados Unidos también adoptó este formato. Los equivalentes en galones estaban más cerca del litro, lo que hacía que la conversión fuera sencilla y aceptable.

Hoy en día, la botella de 75 cl es la preferida en más del 90% de los casos, sea cual sea la variedad de uva, el origen o el estilo. Permite una degustación completa sin excesos y es adecuada para la mayoría de las ocasiones de consumo.

¿Por qué no 1 litro o 50 cl?

Algunos consumidores se preguntan por qué no elegimos simplemente 1 litro para facilitar los cálculos. La respuesta es doble: en primer lugar, el origen del vino de 75 cl está muy arraigado en los hábitos de la gente. En segundo lugar, un litro suele ser demasiado para una persona y demasiado poco para cuatro.

En cambio, 50 cl siguen siendo pocos para una comida para dos. Por supuesto, existen formatos alternativos, pero destinados a contextos específicos: degustaciones en solitario, comida rápida o cajas de regalo.

Otros formatos y sus usos

Aunque la botella de 75 cl sigue siendo la norma, otros formatos se están haciendo un hueco. El magnum (1,5 litros) suele asociarse a las ocasiones especiales. Las medias botellas (37,5 cl) son populares entre los viajeros y los amantes del vino por copas.

También existen formatos prestigiosos como Jeroboam, Matusalén y Nabucodonosor, reservados para las ocasiones festivas. Sin embargo, para el consumo diario, la botella de 75 cl sigue siendo imbatible.

Un tamaño ideal para envejecer

abridor de botellas de vino

El volumen de 75 cl también es importante para la conservación. Proporciona una buena superficie de contacto entre el vino y el aire de la botella. Esta proporción favorece un envejecimiento armonioso, sin oxigenación excesiva.

Además, este formato facilita el cierre con un tapón de corcho estándar. Las propiedades de sellado y respiración del corcho funcionan perfectamente con una botella de este tamaño.

El impacto en la percepción del vino

El formato también desempeña un papel psicológico. Una botella de 75 cl da una impresión de generosidad sin excesos. Invita a la convivencia, a compartir y a descubrir.

En los restaurantes, ofrece una buena relación calidad-precio. En casa, se convierte en el aliado de una cena equilibrada. Así que no se trata sólo de una elección técnica. También es una cuestión de percepción y emoción.

Un formato al servicio de la economía

El formato estándar de 75 cl también facilita la producción. Las líneas de embotellado están calibradas para este volumen. Los proveedores de botellas, etiquetas, corchos y cartones optimizan todo en torno a esta referencia.

Cambiar el formato repercutiría en todo el proceso. Por eso los profesionales se mantienen fieles a esta norma, aunque innoven en otros aspectos.

Evolución futura del formato

Es cierto que están surgiendo nuevas tendencias. Las latas de vino, las bolsas flexibles y los formatos pequeños se dirigen a nuevos públicos. La preocupación ecológica lleva a algunos a replantearse los envases.

Sin embargo, la botella de 75 cl conserva su poder simbólico. Encarna la tradición, la elegancia y la convivencia. Incluso frente a la innovación, su reinado no parece amenazado a corto plazo.

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