La cocina nórdica fascina por su pureza y sus sabores sencillos. Pescados ahumados, hierbas silvestres, tubérculos y mariscos son elegantes invitados a la mesa. El vino no debe dominar estos platos típicos.
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Comprender las características de la cocina nórdica
Antes de hablar de maridajes nórdicos, es importante comprender los fundamentos de esta cocina. Las recetas suelen favorecer los ingredientes crudos, ahumados o fermentados. Todo se basa en productos sencillos del mar, los bosques y los campos nórdicos. Por ejemplo, arenque marinado, salmón gravlax, remolacha, eneldo y bayas silvestres.
Este estilo culinario exige vinos precisos. Se evitan los vinos demasiado amaderados, tánicos o ricos en alcohol. En su lugar, se busca frescura, tensión y pureza aromática.
Un vino blanco mineral para una mayor armonía
El vino blanco mineral suele ser el compañero ideal de los platos escandinavos. Su acidez crujiente resalta las texturas grasas del pescado. También favorece los sabores salados de los productos ahumados o marinados.
Un Chablis joven, un Riesling seco alemán o un Assyrtiko griego funcionan muy bien. Aportan frescura y franqueza. Sus notas de pedernal o lima combinan a la perfección con platos como el gravlax o el tartar de bacalao.
Vino y pescado ahumado: un delicado equilibrio
Maridar un vino con pescado ahumado requiere el toque adecuado. El ahumado crea un amargor particular. El vino debe contrarrestar esta sensación sin imponerse demasiado.
Un Sylvaner de Alsacia, un Muscadet sur lie o un Pinot Blanc de Borgoña ofrecen esta sutil neutralidad. No enmascaran el sabor del salmón ahumado, al contrario, lo prolongan. También hay algunos vinos del Loira elaborados con Chenin. Su redondez ligera hace maravillas con la anguila ahumada o el marisco marinado.
Explore los tintos ligeros para maridajes inesperados
En la cocina nórdica no todo es vino blanco. Algunos platos, como el reno marinado, las albóndigas con arándanos rojos o la remolacha asada, pueden servirse con un tinto ligero.
Un Gamay de Beaujolais, un Pinot Noir de Sancerre o un Poulsard del Jura juegan aquí la carta de la frescura. Su acidez natural equilibra la riqueza de la carne. Sus delicados aromas a frutos rojos armonizan con las salsas agridulces y los condimentos ácidos típicos de estas cocinas.
Piense en burbujas para platos yodados y festivos
Las ostras ahumadas, el cangrejo de roca o las huevas de pescado son ideales con burbujas finas. Un Crémant du Jura, un Cava Brut o un Champagne extra-brut ofrecen una sutil alianza. Las burbujas limpian el paladar y realzan el yodo.
Estos vinos también combinan bien con blinis de centeno, cremas de limón o bocados de caviar vegetal. El contraste entre la textura crujiente y la delicada mousse hace maravillas en el paladar.
El vino natural, nuevo aliado de la cocina nórdica
Cada vez más chefs escandinavos utilizan productos ecológicos, locales y fermentados. Esto convierte al vino natural en un aliado lógico. Sin filtrar y sin azufre, conserva una energía cruda. Puede recordar a las fermentaciones naturales de los platos nórdicos.
Un vino de naranja de Georgia, un pineau de Aunis o un blanco macerado en Italia funcionan muy bien con encurtidos, coles fermentadas o pescado salado. No a todo el mundo le gustarán estos maridajes, pero causan una impresión duradera.
Adaptar el vino a la comida
Un brunch nórdico, una cena gourmet o un aperitivo yodado no requieren los mismos vinos. Por tanto, la elección del vino debe adaptarse al contexto. Para un brunch, un Riesling espumoso o un blanco alsaciano ligeramente meloso son perfectos. Para una comida festiva, elige un gran champán blanc de blancs o un cru du Jura añejo.
Una cena más sencilla se sirve mejor con un vino blanco fresco, sencillo y mineral. La clave es el equilibrio. El vino no debe dominar la mesa. Debe seguir el ritmo de los platos.
No descuides la temperatura de funcionamiento
Los platos nórdicos, a menudo fríos o tibios, requieren vinos servidos a la temperatura adecuada. Un blanco demasiado caliente pierde frescura. Un tinto demasiado frío se endurece. Por tanto, la temperatura de servicio debe ajustarse cuidadosamente. Los blancos minerales se sirven mejor a unos 10°C. Los tintos ligeros ganan en finura en torno a los 14°C.
Este rigor permite que brillen las sutilezas de los maridajes nórdicos. El servicio es tan importante como la elección del vino.
Vinos favoritos del norte de Europa
Para mantener la coherencia, podemos optar por vinos producidos en las mismas latitudes. Suecia, Dinamarca y Alemania producen muy buenos vinos hoy en día. Algunos Rieslings, Auxerrois o vinos de frutas fermentadas en solera combinan muy bien con la cocina local.
Estos vinos cuentan la historia de una región. Comparten el mismo clima, los mismos productos y, a veces, las mismas técnicas de fermentación. El maridaje se vuelve entonces más emocional que técnico.
Consejos prácticos para alcanzar acuerdos satisfactorios
He aquí algunos puntos sencillos a tener en cuenta:
- A los platos ahumados les gustan los vinos frescos y con poco rocío.
- Las texturas cremosas requieren un vino tenso con buena acidez.
- Las salsas de hierbas combinan bien con vinos aromáticos pero secos.
- Los platos fermentados requieren vinos naturales o muy secos.
- Los frutos rojos y los arándanos van bien con los tintos suaves.
Por último, no olvides que cada mesa es única. Prueba. Experimenta. Escucha tus sensaciones. El mejor maridaje es el que te produce placer.
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